La llamada de la naturaleza.

Los planes de  excursiones por el bosque  siempre me han dado un poco de pereza, aunque he de reconocer que una vez mentalizado, con la mochila preparada,  el equipo a punto, y superado el momento  del madrugón, te llega a apetecer.

Los inicios de la excursión siempre son llevaderos, el fresquito de la mañana y la amena conversación con los amigos que te acompañan a la misma, hace que los primeros kilómetros, ni los notes!!, te sientes bien, integrado en la naturaleza, animado, simpaticón, dicharachero, saludando siempre a los  excursionistas que van en sentido contrario, ¡adeu!!, Hola!!, Bon día!!,  Va! que queda poc!!,..

Es curioso, aunque yo hablo habitualmente en castellano,  en las excursiones por el monte siempre  saludo en catalán!!, , yo creo que interiormente el saludar en catalán me hace sentir como más integrado con la peña que me cruzo,  me hace sentir aceptado por los demás excursionistas que  encuentras a tu paso, a los que inconscientemente, (seguramente por su aspecto “chirucaire”), les atribuyo una condición como  de  ex votantes del PSUC, o  de afiliados a ERC, o  a ICV, o als verds, e incluso llego a forzar el acento de Pagés, como un intento de que no se note que no soy un habitual de las caminatas en la naturaleza!!, todo ello  sin darme cuenta que seguramente mi aspecto no difiere mucho del suyo!!. Es curioso!!

En fin, saludos a parte, normalmente en estas excursiones., al cabo de una hora  se hace una  parada, así se aprovecha para beber, comer un tentempié, volver a mirar el mapa y verificar la ruta por enésima vez, , usar la navaja que has traído, aunque podrías pasar sin ella, pero ya que te has acordado de cogerla!. Ese rato  sirve también para volver a reagrupar a todo el grupo que  inicialmente salió junto, y que se ha ido disgregando.

Tras esa  primera paradita, todo cuesta un poco más, pues el estómago está más lleno, y el sol empieza a apretar.

No obstante, uno se mentaliza y adelante!!, a seguir!!!.

Ocurre a veces, que en esa segunda etapa, ambientado en plena naturaleza, rodeado de pinos, percibiendo el olor a tomillo, escuchando pajaritos, empiezas a relajarte,  a sentirte parte de del ecosistema, se alejan los problemas cotidianos, estás cómodo, vuelve el ánimo, la sangre fluye, el cerebro se re oxigena, es como si se reseteara el organismo!!, todo empieza a funcionar como debe ser, y entre ellos los flujos gástricos, que  salen de su letargo.

Al primer síntoma de que la naturaleza te llama, te haces el sordo, esperando que aquella sensación en el estómago,  que en casa sería sinónimo de ¡ahora vuelvo!, sea una falsa alarma.

Pero al cuerpo no se le engaña tan fácilmente, y  vuelve a insistir, esta vez con más fuerza e insistencia, pero seguimos ganando la batalla!, Ara no toca!!, aguanta que puedes!!, y a seguir caminando como si nada pasara, ole!!.

Todo parece controlado, soy el rey del esfínter!!, todo quieto dentro hasta cuando yo diga!, pero de repente una presión brutal, incisiva y fatal!, te hace desgranar interiormente un ¡ostias!!, ahora si que no!, no aguanto!!. Las fuerzas de la naturaleza son incontestables!.

Y ahora que?, ¿Cómo lo hago?, intentas disimular, caminando al mismo ritmo que el grupo, pero con las nalgas a lo “chiquito de la calzada”, pensando en desviarte en el primer recodo que pueda aportar algo de intimidad. En ese momento se utilizan varios trucos para quedarse rezagado y que te permita adentrarte en la espesura sin ser visto por los otros, está desde el hacer ver que te atas las botas, el que vas a a asegurarte de que la mochila esté cerrada, que crees que te han enviado un whatsapp.., cualquiera de ellas es buena para dejar distancia, y en un salto a lo pantera, Alehop!!, zancada al bosque en un ¡aquí nadie me ve!! .

La cosa se ha de hacer rapidito, pues de otra forma los demás se darán cuenta y serás objeto de mofa, para ello, el cinturón, el pantalón, la cremallera y la ropa interior se abren y bajan todas a la vez y a lo bestia!!, traaaas!!. Seguidamente es importante adoptar la postura correcta, pues de otra manera el regalito seguro que cae dentro del calsutet!. A modo gráfico la postura idónea a adoptar es la misma que la de un saltador de longitud al momento de caer en la arena tras el salto,  brazos hacia delante, espalda atrás, rodillas al pecho, pies separados.., y vooooy p´allá!!.

En ese momento todas las esperanzas se centran en que la expulsión sea limpia, de aquellas que ni se nota, de las que te pasas papel por costumbre, pues no hay rastro alguno en el culete que pudiera hacer pensar que un zeppelin acaba de pasar por ese túnel!.

Pero nunca es así, en el bosque se caga blando, lento, en varias entregas, dando tiempo a que lleguen las moscas gordas verdosas que no sabes de donde han salido pero ya están allí, e incluso cuesta convencer a la última entrega que debe abandonar el cuerpo, lo que se hace mediante movimientos laterales y pendulares hasta que la gravedad hace cumplir por fin su ley.

Y una vez soltado el lastre, me viene a la mente unos versitos populares que decían:

“Un bon día de matinada,

Vaig anar al bosc a cagar!

no trobo paper ni fulla

Per poder-me eixugar,

la fulla era massa seca,

el paper massa petit,

de una manera o d´altre

sempre em tacava el dit!!

 

 

TATUAJES

popeye

El asunto de los tatuajes en el cuerpo  me coge mayor.  Nunca he podido entender que es lo que impulsa a una persona a grabarse en su propio cuerpo un tatuaje. Pero me imagino que el raro soy yo, o el desfasado, o nuevamente el clasicón que llevo dentro, por que la cosa va a más entre los jóvenes.

Cuando  era un niño, solo recuerdo una persona que llevara tatuajes, era Popeye, con unas anclas en cada antebrazo, pero a nadie más. Y eran unas anclas discretas.

Evidentemente la cosa ha cambiado. La gente se tatúa un montón, y por todas las partes del cuerpo, incluso en aquellas zonas que habitualmente no están a la vista de todo el mundo.

En las épocas que me he apuntado a algún gimnasio, para aquello de la operación bikini antes de verano, lo he podido comprobar en el vestuario. Tengo que decir que no duro mucho en los gimnasios, a mí me va más la naturaleza, el aire libre, eso de correr en una cinta  me hace sentir como una especie de hámster. Pero bueno, siguiendo en el vestuario,  allí, que todo se ve (y a veces, desgraciadamente  también se huele), te das cuenta de la gran cantidad de personas que han decidido decorar su cuerpo con múltiples y variados motivos ).

Los he visto de  colores, en blanco y negro, de animales, de motivos florales, letras chinas, retratos  de mujeres, de niños, nombres de personas, lemas, escudos, etc…, algunos son realmente espectaculares, y pueden ir desde la nuca hasta casi el culo!!,  otros están únicamente en un tobillo, a modo de pulsera, y la gran mayoría en los brazos.

Siempre he tenido entendido que un tatuaje cuesta de mucho de borrar,  incluso hasta hace poco, en las que no existían las técnicas del láser, era algo de por vida. Por ello, yo he admirado siempre a aquellos que en un momento determinado, imagino que en un arrebato de demostración de amor a su nueva pareja, van y se tatúan el nombre de ella en su propio cuerpo, como un regalo a ella, pero que se hace él.

Imagino en estos casos al recién tatuado en el momento en que quiere darle la  sorpresa a su nuevo amor, y con el objeto de hacerle ver el enorme sentimiento que hacia ella le embarga, en pleno restaurante, justo antes del postre,  se abre con ambas manos su camisa, mostrando el pecho marinero, y dejando al descubierto la reciente inscripción, todavía enrojecida e inflamada, le suelta en voz alta y medio incorporado para que lo vea de bien cerquita:  ¡!Toma pá que veas lo que te quiero, Valen???

Lo  que yo no me quito de la cabeza, es que pasa cuando aquella relación amorosa, que parecía de por vida, porque ella lo era todo, era perfecta, por fin la había encontrado!!, resulta que; ¡se acabó!, y ahora que hacemos con el nombrecito tatuado para siempre en el cuerpo!!.  Porque si eso ni se va, ni se quita, y si, como es normal, afectivamente uno  rehace su vida, no creo que sea del agrado de la nueva pareja, encontrase en los más íntimos momentos,  con el nombre de la anterior acariciando su cuerpo.

Con ello no quiero decir, que no vea bonito mostrar a los demás  tu sentimiento hacia una determinada persona, pero creo que  eso se puede hacer de muchas otras maneras: Hay unas pulseritas, que se llaman “no me olvides” en las que tienen una plaquita para grabar el nombre de tus más allegadas personas,  también se lleva ahora  lo de personalizar el salvapantallas del ordenador con imágenes de  familiares queridos, de manera que te acompaña su recuerdo durante la jornada laboral. Lo mismo he apreciado en algunos taxis, en los que en  el tablier frontal, hay un marquito plateado, tipo imán, con varias fotos encajadas en orificios redondeados, uno para cada cara, de la mujer, de los hijos, adornado a veces con un mensaje grabado en la parte inferior, del tipo “Papá no corras” o “Te queremos mucho”, e incluso en los profesionales de las rutas por carretera, no es inusual descubrir la necesidad de dar a conocer al público en general  su relación amorosa, insertando en los frontales de la cabina del camión,  o en el parasol del parabrisas,  frases como “Paco y Toñi”, “Jesús y Rosa”,  que se te vienen encima al cruzarlos en la carretera.

A parte de los tatuajes con nombres, los que más me llaman la atención, son los de frases o lemas, son como eslóganes de vida, que se supone son piedras puntales de una manera o forma de pensar o vivir la vida del que se las ha inscrito en su cuerpo para siempre.

Aquí he visto de todo, tipo  “Dios te ama”, “Contigo hasta la muerte”,  “Yo soy español”, “Viva la legión”, etc.., lo que he de reconocer es realmente práctico, pues te permite saber en qué lugar podemos clasificar a aquella persona en nuestro archivo interior, y de tal manera modular nuestra actitud, o evitar ciertos temas de conversación, o emisión de opiniones que a buen seguro provocarían alguna discusión, en el caso de tenerse que relacionarte con ella.

Sin embargo, en una ocasión, quedé atónito por  el lema que leí  tatuado en la espalda de un hombre, ya mayor,  que caminaba, en pleno invierno, sin camisa,  por un paseo marítimo, de esos peatonales que transcurren junto a la playa.

Siempre le he dado vueltas a que es lo le debió llevar a escribir en su cuerpo de manera definitiva aquella frase, que le pasó en su vida, que le marcó, pensé si acaso no conoció a su madre, si no tenía hermanas, si no tenía alguna hija. Tras darle muchas,  muchas y muchas vueltas, únicamente he podido llegar a una conclusión,  a una explicación a la misma. Sólo podría entender aquella frase, si era causa del  hastío, del aburrimiento, o de la quemazón de un determinado quehacer o trabajo realizado durante muchos años, sin vocación, sin motivación, sin ilusión, detestando cada día el desempeño de lo mismo. Llegué a la conclusión que ese hombre debía ser un granjero, un granjero ya  retirado, y que debió ser un criador de gallinas, que se había pasado la vida cuidando y velando cada día por cientos y cientos, o   miles de gallinas, gallinas a las que cada día tenía que alimentar, que  recoger sus heces, que recoger sus huevos, que limpiar sus jaulas, oyendo y oyendo continuamente: ¡ Coooo, Co, Cooooo, Cooo, co, co,cooo!!!!., durante años y años y años,.., y todo ello sin recibir un gesto de agradecimiento, de cariño, de empatía o  de mínima fidelidad, de una sola de esas aves. Eso, solo  eso me puede dar una explicación de la frase que llevada tatuada.

Ah, se me olvidada, el tatuaje de aquel hombre rezaba:  “ SOIS TODAS UNAS PUTAS”

Una lección de inmersión.

images1A5F8XWHEn uno de esos días, en los que en mi anterior post (un dia en el mar) detallaba que pasaba con mis hijos en la playa, recuerdo especialmente el de hace tres años, en el 2011, en que recibí una verdadera clase de inmersión.

Debo aclarar que el término inmersión en el título de este artículo  puede inducir a confusión, pues cualquiera que no leyera después el contenido del mismo, podría pensar que se trata de que se me ha impartido una lección  de  inmersión en los fondos marinos, y no es así.

La lección de inmersión que me fue impartida  no fue para nada de buceo,  y  que conste que no tengo nada contra los practicantes de submarinismo, al contario, los admiro, porque he de reconocer que cuando  buceo en el mar,  lo que hago con gafas, aletas y tubito, de esos que te venden dentro de una redecilla en las tiendas de guiris, todo ello de colorines,  (o sea nada profesional), lo hago bastante ”acojonadete”. No sé si se debe a que soy de la generación de las películas Tiburón, pero siempre tengo la sensación de que algún bicharraco marino me puede venir por detrás en cualquier momento.

Pero bueno, no me quiero ir del tema, a la inmersión que me refiero, es a la  lingüística. Los lugares públicos, entre ellos la playa, son  un barómetro idóneo para conocer la realidad social, y entre ellas el conocimiento que de las lenguas  tienen los habitantes de cada territorio.

En Catalunya tenemos la suerte de tener dos lenguas propias, el catalán y el castellano, ambas para mi gusto son preciosas, y deben ser enseñadas, y creo que en este sentido así se está haciendo por los poderes públicos de la mejor manera que saben.

Creo que la inmersión lingüística de ambas lenguas es una realidad, pues en Cataluña la mayoría de la gente utiliza indistintamente el catalán o el castellano, o incluso, como fui testigo, ambas a la vez.

Me explico, la situación  es la siguiente:

Me encuentro después de un reconfortante baño de mar, estirado en la toalla, recibiendo el calorcito de los rayos del sol en la piel, y en el momento en que la arenita pegada a tu cuerpo por el agua, ya está empezando a secarse, es decir cuando más relajadito estás, oigo a mis espaldas el desgarrador  llanto de un niño…

Inmediatamente  me recuesto  a ver qué ocurre, pues por el tipo de llanto parece que una grave tragedia ha acontecido, y cuando me giro veo que se trata de una niña, que con las manos juntitas en la entrepierna, llega a sus padres desconsolada, y ante la pregunta de la madre:

–          ¿Qué te pasa nena???

La pequeña contesta (textualmente y sin querer ofender a nadie):

–          ME PICAAA!!, QUE ME SE  HA FICADO SORRA EN LA CHONA!!!!

Al oír aquello, lo entendí a la primera, a pesar de sus incorrecciones lingüísticas. Vamos por partes:

a)       El “me se”, en lugar de “se me”, es algo habitual, y no afecta a la comprensión, incluso de alguien que no conociera la lengua catalana.

b)      Sin embargo,   gracias a  que habló catalán,  sé que” ficado”, viene del verbo “ficar”,que en castellano significa meter, y el tiempo del verbo se ha castellanizado a “ficado”, cuando en catalán debería ser “ficat”. Su traducción es “metido”

c)       Por el mismo motivo de mi conocimiento de la lengua catalana, sé que “sorra”, se refiere a la arena.

d)      Ahora bien, he de reconocer que el término “chona” para referirse a las partes bajas de la niña, únicamente fui capaz de deducirlo  por la posición de las manos de la criatura entre las piernas, al momento de su queja.

Yo de pequeño recuerdo  que en casa, a la entrepierna femenina  le llamaban “abajo”, “ahí”, a veces, en confianza “la rayita”. Ahora mis hijos, le llaman “Vulva”, en el cole se lo enseñan así, y a mí, que soy bastante clasicón, me parece un poco soez, pero ya lo acepto, aunque me cueste.

En fín, sea como fuere, capté inmediatamente el mensaje lanzado por la niña, y teniendo  a mi alcance casi medio litro de agua dulce que me quedaba de la botella de la comida, la ofrecí a los padres de la atormentada” nena”, con el convencimiento que ello podría aliviarla, al ayudar a expulsar los granitos que pudieran haberse albergado  en su interior, así como a diluir la sal que a buen seguro era la causante de su escozor.

Estos la aceptaron inmediatamente, pues en su nevera solo quedaba una botellita de orujo, lo que a buen seguro  no iba a contribuir al alivio de la pequeña, y tras un ratito de cuidados maternos, en los que evidentemente aparté la vista,  vino la calma.

Por parte de los padres todo fueron agradecimientos y alabanzas a mi gesto,  pero en mi interior yo estaba convencido que cualquiera en mi lugar hubiera hecho lo mismo, eso sí, de no haber conocido ambas lenguas no podría haber sabido cómo reaccionar, pues no habría podido haber entendido el mensaje de alguien, en este caso la niña, que incluso en un momento tan duro, tan urgente y doloroso, se expresa tan espontáneamente en dos lenguas a la vez!.

Si señor!, Eso es  inmersión!.

 

 

Un día en el mar.

untitledHace  poco, en pleno mes de febrero, hubo un día de verdadero calor, hasta tal punto que alguien, no recuerdo si en el trabajo o donde exactamente ,  comentó, ¡hace un día de playa!.

La playa siempre me ha gustado, aunque no para ir cada día, sino de vez en cuando, y nunca dos días seguidos.

Con mis hijos, cada año, en el mes de julio me los llevo a pasar algún día en el mar, normalmente a playas cercanas, máximo a media horita en coche desde casa,  no son evidentemente calitas o lugares  con encanto, pero con niños pequeños la practicidad prima sobre lo bucólico.

El año pasado fuimos a Castelldefels,  a los niños les gusta porque el agua cubre poco, y pueden jugar  y adentrarse en el mar sin hundirse de golpe, a mí también me permite estar más tranquilo, pues puedo estar en la toalla, tomando el sol, leyendo o haciendo un crucigrama,  sin tener que parecerme a un camaleón, con un ojo mirando al norte y el otro al sur.

Recuerdo que era un día caluroso, y mucha gente había tenido la misma idea que nosotros, por lo que no tuvimos más remedio que ponernos un poco retirados de la orilla,  donde la arena ya quema, pero al menos tienes cierta intimidad.

Después de la correspondiente sesión de cremas, nos fuimos todos al agua!!, el primer baño cuesta, al meter los pies en el agua por primera vez, uno siempre la nota muy fría, pero aguantas el tipo, ya que tienes la sensación que la gente de primera línea de mar te está observando, pero una vez ya más metidito en el mar,  después de haber saltado  grácilmente  varias olitas, llega el momento de verdad, cuando el agua fresquita  llega a la altura de la barriga, en ese momento, mientras intentas  despegar del suelo para que el agua no suba más, y adornas la posturita a lo egipcio,  con los brazos semi-alzados y las muñecas encogidas con los dedos hacia adentro,  es  inevitable (aunque estén los niños delante) que se te escape un Coooooño!!., y entones ZAS!, chapuzón entero para evitar seguir con el sufrimiento.

En un minutito ya estás bien, e intentas convencer a tus hijos de que el agua está muy buena, y que no se lo piensen, que se metan del todo, pero ellos tienen una táctica diferente, juegan y juegan en la orilla, se salpican, se sientan, caen, se levantan,  hasta que sin darse cuenta ya están chopos y habituados al nuevo hábitat (valga la redundancia).

Es entonces cuando uno se vuelve a la toalla mientras deja a los niños jugando en la orilla, y se estira por fin, cansado pero relajado, y fresquito, para disfrutar del sol.

Recuerdo que en ese momento empecé a oír una musiquita flamenquita que se iba acercando cada vez más, tipo Chunguitos o Camarón, pensé que se trataría del reclamo del típico vendedor de helados, o de los negritos de las pulseras y relojes, esos que a pesar del calor, de los kilómetros de caminatas arriba y abajo por la playa y de todo lo que llevan encima,  me he preguntado siempre  porque no sudan!!, pero al recostarme y mirar en dirección a la melodía, observe que no era ni el de los helados ni los negritos.

Aparecía dirigiéndose hacia donde yo estaba un grupo bastante numeroso de personas, parecía un campamento nómada en plena travesía del desierto, eran como porteadores nepalíes, cargados hasta los topes envueltos en una especie de neblina causada por la polvareda que levantaban a su paso. A medida que se iban acercando fui vislumbrando de lo que se trataba, la caravana la encabezaban varios hombres muy fornidos, los rodeaban corriendo un grupo numeroso de niños y niñas, los más pequeños ¡en pelota viva!, detrás de este grupo iban las mujeres, y por último había también entremezclados jóvenes adolescentes, entre ellos el que llevaba una especie de radiocasete sideral, a pilas!!, mientras el resto iban palmeando y cantando la música que desprendía aquella bestia de aparato.

Era toda una familia, abuelos incluidos (el con una gorrita amarilla gastada que se leía Don Balón), que parecían haberle echado el ojo al espacio libre de arena que estaba junto a mí. Con los niños en el agua y  las toallas extendidas, no tuve tiempo de reaccionar, y antes de que me diera cuenta ya estaban dejando los bultos a tres metros de mí, entre ellos su música que sonaba y sonaba!!.

Traté de hacer ver que no me molestaban en absoluto, pues siempre he pensado que la naturalidad es la mejor manera de enfrentarse a las cosas, por lo que seguí estirado con los ojos cerrados, intentando abstraerme de lo que acontecía a mi lado.

Al  cabo de un ratito, al volver a mirar,  mis ojos no daban crédito, en tan solo unos minutos, donde antes no había más que arena, se erguía un especie de campamento formado por sombrillas, y toldos, que ni  los marines americanos habrían levantado mejor  y más rápido. Y en la sombrita, los abuelos, las señoras y las neveras (un montón de neveras!!).

Tengo que decir, que al minuto uno, todos los hombres, niños y niñas, se fueron al agua directamente, corrían hacía el agua como haciendo una carrera a ver quién llegaba antes, parecía como si les persiguiera un león!!, y estuvieron allí bañándose y revolcándose durante más de una hora. Mientras tanto apagaron la música, por las pilas claro!!

En ese tiempo con mis hijos aprovechamos para comernos el bocata, y descansar un ratito.

Enseguida llego el turno de la comida de mis vecinos, de las neveras aparecía de todo, tortillas, gazpacho, ensaladillas, pollo, vino, gaseosa, pan, pan y más pan, comían y comían, ahora sí con la música sonando!!, de postre sandía y melón, a dentelladas!!, mientras su zumo resbalaba por sus cuerpos. Ah y que barrigas tenían los hombres!!, de nueve meses!!!.

Acabado el atracón,  entraron como en una fase de relajación, de sopor, en la que algunos de los hombres, estirados en la arena, dormían a rienda suelta, con el tronco de lado, los brazos estirado uno y el otro doblado haciendo de almohada, y las piernas abiertas. Los jóvenes jugaban a dados, y ellas estaban sentadas, algunas unas delante de las otras , alisándose el pelo y haciéndose trenzas. Eran ellos, su grupo, su familia, hacían su vida, sin importarles que yo estuviera a su lado. Yo me sentía como Dian Fossey (gorilas en la niebla) observando las costumbres del grupo  e intentando pasar desapercibido, como si ello no me importara.

Al cabo de un ratito, los niños, los de ellos y los míos, volvieron al agua, lo que yo aproveché para ir recogiendo ropa, sandalias, toallas, ya que la música volvía de nuevo a tronar, ahora sí palmeadas por la mayor parte del grupo.

Al volver los niños, rápidamente recogí lo que quedaba y les dije niños nos vamos!!. He de reconocer que interiormente estaba maldiciendo a aquella gente, que no me había permitido disfrutar de mi día de playa, y  al alejarnos un poco, me salió de dentro comentarle a mi hijo mayor, ¡que gentuza!.

En ese momento escuché detrás de mí que uno de los miembros adolescentes de la familia, me gritó, eh señor!!, glups, estaba convencido que me había oído y que ya la había liado, me giré para ver, y ví que venía corriendo hacia mí, y al llegar a mi lado me tendió la mano y me dijo,! Tome! que se le ha caído el iphone.

Mi hijo me dijo entonces:  Pero.. ¿ Son buenos no?.

Leccioncitas que te da la vida!

 

 

Connecting the points

Unos años atrás tuve la oportunidad de ver y escuchar el discurso que Steve Jobs, el creador de Apple, ofreció a los alumnos que habían alcanzado la graduación en la universidad de Stanford. El mensaje del mismo se centraba en que, en esta vida, todo aquello que hagas,  todas las personas que conozcas, en cuantas experiencias vitales partícipes, si bien en su momento presente pueden darnos la sensación de carecer de utilidad, sin saber porque, en algún momento posterior recobran sentido, y nos son excepcionalmente útiles y enriquecedoras.

Yo, como la mayoría que tenemos una cierta edad, hemos podido experimentar como, un suceso, un encuentro, una experiencia, una lejana relación personal, nos ha servido posteriormente para alcanzar una meta, conseguir un trabajo, conocer a una persona de nuestro interés, o abrir nuevos horizontes impensables inicialmente.
Al final, la conclusión, es que lo que tenemos, lo que conseguimos, tanto a nivel personal como profesional, con independencia del esfuerzo y sacrificio personal invertido por uno mismo, tiene mucho que ver con las experiencias, amistades y relaciones personales de las que hemos sido protagonistas, incluso involuntariamente.

En mi caso, cercano a cumplir medio siglo de vida (glups!), creo que a pesar de los inevitables reveses que te depara la vida, soy un afortunado, y estoy convencido de que, en ello tiene mucho que ver todas aquellas personas que durante este casi medio siglo de vida en algún momento he conocido, me han influenciado, me han hecho reír, llorar, sufrir, gozar, en definitiva han sido forjadores de mi personalidad, me han ayudado a ser como soy y a tener la vida que tengo!. Entre ellos mis padres, aunque ya no puedan leerlo en la tierra!

Hace tiempo que tenía ganas de escribir, de expresar opiniones, con la edad te sientes más libre para hacerlo, y te da igual lo que piensen de ti, cumplir años también tiene sus ventajas!!, y resulta que de nuevo se cumple la regla “connecting the points”, y por arte de magia, tachan!, de aquella experiencia pasada, (en este caso fue muy enriquecedora), de la que hacia muchos años no tenías noticias, te ponen al alcance de la mano las herramientas adecuadas para ello, en la manera que más te encaja.

Y de eso, nace este blog, al que he llamado “Así haBLOG yo”, en el que esperó poder escribir periódicamente lo que se me ocurra y lo que me ocurra, de manera libre, espontánea y casi siempre divertida. Con ello espero poder estar en mayor contacto con vosotros, y si por casualidad a alguien algo le puede servir de algo, estaré enormemente feliz de haber formado parte de un “connecting the points”.

Hasta la próxima.